Whom I can no longer ignore, 2022
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That which dwells in fragility
A los que ya no puedo ignorar es una pieza que nos confronta con las profundidades del ser humano, revelando los límites, traumas y conflictos internos que configuran nuestra identidad.
En ella se combina una estructura de hormigón que nos recuerda a colectores –fríos, cilíndricos y funcionales– con una malla metálica, acompañada de una gran pelusa y dos viejos fragmentos de vidrio, en su interior. El conjunto crea un diálogo visual entre lo físico y lo intangible.
Las estructuras de hormigón funcionan como metáforas de las heridas internas que cargamos. Cavidades oscuras, semejantes a sumideros que conducen hacia lo desconocido, invitan a reflexionar sobre esos espacios emocionales que a menudo ocultamos o evitamos explorar. Son formas toscas que evocan los muros que el ser humano levanta para protegerse del dolor. Cada grieta y textura en el hormigón se convierte en un testimonio de nuestra fragilidad.
Por otro lado, los elementos que encontramos al asomarnos nos recuerdan que los traumas no solo moldean quiénes somos, sino también cómo habitamos el mundo.
La obra, con su presencia, nos habla del proceso de sanación como un viaje arduo pero necesario. Ofrece la posibilidad de reconciliarnos con nuestra fragilidad. Nos invita a reflexionar sobre los rincones oscuros que habitan en cada uno de nosotros, animándonos a aceptarlos y transformarlos.