Comprender no se hace con la razón
Comprender no se hace con la razón
El título de este proyecto conjunto de Concha García e Ignacio Llamas, que se presenta en la Galería Daniel Cuevas de Madrid, necesita un tiempo de reacción, un microsegundo de espera. Insistimos: comprender no se hace con la razón. La razón, por sí sola, no es el procedimiento. Goya ya pensó́ en este asunto cuando afirmó que «el sueño de la razón produce monstruos».
Este título, aparentemente paradójico, se revela como un punto de partida pertinente en una época en la que se cuestiona algo tan esencial como es nuestra forma de conocer la realidad y los modos en que nos relacionamos con el mundo y con las imágenes.
En 1983, Howard Gardner, psicólogo, investigador y profesor de la Universidad de Harvard, formuló la Teoría de las Inteligencias Múltiples, según la cual existen al menos ocho tipos de inteligencia en los seres humanos: la lingüística-verbal, la musical, la lógico-matemática, la espacial, la corporal-cinestésica, la interpersonal, la intrapersonal y la naturalista. Todas ellas amplían el concepto tradicional de comprensión y desplazan el pensamiento más allá́ de una razón única y dominante. Activar este potencial diverso parece haberse convertido en un objetivo indiscutible para alcanzar metas y logros en una sociedad cada vez más exigente. En este contexto, la exposición se presenta como un espacio en el que se da un paso más, donde se propone lo sensorial, lo corporal y, sobre todo, lo intuitivo como una vía de conocimiento.
En esta misma línea, se atribuye a Jean Piaget, filósofo y psicólogo suizo, la afirmación de que «la inteligencia es aquello que usas cuando no sabes qué hacer».
Este proyecto, que propone incorporar una mirada diferente, toma su título de un verso del poema de Esther Cánovas:
Comprender no se hace con la razón,
pues la razón es llena.
Comprender es la medida del hueco
con el que albergamos.
Cuanto más vacíos,
más inmensos.
Las obras realizadas por Concha García e Ignacio Llamas se han ido construyendo a través de un diálogo fluido entre una serie de conceptos complementarios. Binomios como razón–intuición, vida–muerte, realidad–apariencia, pesadez–ligereza, lleno–vacío, unidad–diversidad, límite–infinito. Lejos de plantearse como oposiciones rígidas o excluyentes, estos pares funcionan como zonas de tránsito.
En ese territorio compartido, la intuición no anula la razón ni la presencia niega el vacío; por el contrario, cada término encuentra su intensidad en el contacto con el otro. La obra, situada en este umbral, propone un estado de equilibrio vacilante que invita a la experiencia antes que a la explicación.
Esta colaboración se ha desarrollado desde una libertad profundamente respetuosa. En el proceso compartido, las propias obras han sido el principal y delicado vínculo de unión. Los lenguajes de ambos artistas se han expandido hasta acoger al otro, sus propuestas y su modo de ver y vivir el arte. Es en esa cercanía donde la cooperación adquiere su verdadera potencia, convirtiéndose en una unión profunda, permitiendo que lo común emerja sin renunciar a la singularidad de cada gesto ni a la identidad de cada práctica artística.